Introducción

Nacemos e inhalamos. Exhalamos y morimos. Podríamos decir que nuestra vida viene marcada por la respiración. Somos capaces de sobrevivir días sin alimento o sin agua, pero tan sólo hacen falta unos minutos sin respirar para dejar de vivir. Y sin embargo, ¿cuánta atención prestamos a la forma en que respiramos?

Es más, las emociones están íntimamente ligadas a la respiración. Si tenemos miedo, la respiración se hace superficial, se acelera y se entrecorta. Si algo nos alivia respiramos profundamente, despacio y exhalamos el aire por la boca. Podemos entonces inducir que si las emociones afectan a nuestra forma de respirar, la forma en que tomamos el oxígeno, afectará a nuestro estado anímico.

Para un yogui, una respiración adecuada debe cumplir dos funciones: por un lado aportar más oxígeno a la sangre y al cerebro y por otro, controlar la energía vital o prana, con lo que se llegará a controlar la mente.

“Cuando el aliento va y viene, la mente está inquieta, pero cuando el aliento se serena, también se serena la mente”

Hatha Yoga Pradipika

En el pranayama, definido como la ciencia del control de la respiración, encontramos diferentes técnicas y ejercicios dirigidos a mantener el cuerpo y la mente saludables.

Existen tres tipos de respiración: clavicular o superficial, intercostal o media y abdominal o profunda. La mayoría de la gente utiliza una respiración superficial, dejando que entre sólo una pequeña cantidad de oxígeno en el cuerpo, aspecto que conlleva un uso mínimo de los pulmones y menor resistencia a ciertas enfermedades.

Los yoguis deben invertir los hábitos aprendidos inconscientemente a lo largo de la vida. Respirar correctamente implica: respirar por la nariz y con la boca cerrada e inhalar y exhalar completamente utilizando los pulmones en su totalidad.

Entre otros beneficios, cuando exhalamos, el abdomen se contrae y el diafragma sube, masajeando el corazón; al inhalar, el abdomen se expande y el diafragma desciende masajeando así los órganos abdominales.

Es interesante observar nuestro propio cuerpo al respirar en diferentes momentos del día: el movimiento del abdomen, de las costillas, de los hombros, así como tomar consciencia de lo que nos provocan a nivel anímico los cambios en la respiración.

En pranayama se diferencian tres partes para cada respiración: inhalación, retención y exhalación. Normalmente en yoga el acento de la respiración se pone en la exhalación y en la retención. En algunos ejercicios la duración de la exhalación duplica al de la inhalación. Con estos cambios ex profesos en la respiración no sólo aumentamos el nivel de oxígeno y de energía en el cuerpo sino que se consiguen diferentes resultados a nivel emocional que nos concentran para la práctica de la meditación.