Ahimsa: El primer Yama

El primer Yama, Ahimsa, se traduce habitualmente como No Violencia. Es claro y directo: Hacer el bien y no causar daño alguno. Simple, ¿no? Pero ¿Es en realidad tan fácil?

Ahimsa
Ahimsa

A primera vista la mayoría podríamos asegurar que cumplimos Ahimsa. Nunca hemos matado a nadie ni pensamos hacerlo, intentamos ser buenas personas, pensar en los demás y en las personas que tienen dificultades, cuidamos a los que tenemos cerca, tal vez participamos en programas de voluntariado de manera regular o puede que de vez en cuando colaboremos en campañas de ayuda al tercer o cuarto mundo. Pero como dice Beryl Bender Birch, “Hace falta mucho más para llegar a la no-violencia que todo esto y para profundizar completamente en el concepto hace falta sin duda, mucha reflexión.”

Estamos aquí para explorar, aprender y conocer, así que adentrémonos sin miedo en este concepto a ver hasta dónde podemos llegar.

Según R. Jaganath, si hablamos de Ahimsa hablamos de “no causar daño conscientemente a seres humanos, animales u objetos inanimados por medio de nuestros pensamientos, nuestras palabras o nuestras acciones. Ahimsa, como la mayoría de los preceptos morales y éticos, nos desafía a mantener nuestras creencias y nuestras acciones en consonancia.”

Así, si el primer Yama nos habla de no causar daño, ¿qué hay de comer animales? Este Yama es la razón habitual por la que los yoguis no lo hacen, pero ¿qué hay de usar productos animales o de consumir productos que son testados en animales? ¿Qué pasa con los alimentos que proceden de países tan lejanos que el transporte necesario y los costes de exportación hace que bajen tanto los precios que los trabajadores y agricultores no vean su trabajo justamente remunerado?

¿Qué hay de consumir productos que en su elaboración contaminan ríos y lagos de tal manera que están dejando a poblaciones sin agua potable y contaminando el planeta? ¿Qué pasaría si dejáramos de consumir tanto plástico o aluminio y lo cambiáramos por recipientes más resistentes y perdurables?

¿Qué hay de vestir ropa fabricada en condiciones infrahumanas? ¿Qué hay de consumir más de lo que realmente necesitas?

¿Qué hay de invertir dinero en entidades bancarias que apoyan indirectamente a la producción de armas, a campañas electorales o partidos políticos que secundan regímenes corruptos tanto en nuestros países como en otros? ¿En qué afecta al mundo que decidas comprar una tableta de chocolate de cierta marca, en cierto supermercado?

Sin duda, bucear en el primero de los Yamas puede ser abrumador pero son este tipo de preguntas las que Ahimsa hace que nos planteemos. Ahimsa nos invita a pensar que cada uno de nuestros actos tiene una repercusión, que la busquemos y que podamos ver si genera bienestar o daño alguno.

Y así podemos seguir profundizando. ¿Estás dedicando tiempo a hablar y a escuchar a tus padres, tus hijos, tu pareja, tus amigos o la gente que te rodea? ¿Qué calidad de tiempo les proporcionas? ¿Estás presente en cada momento que pasas con ellos? ¿Has dejado ya de criticar a otros o sigues cayendo a veces en las interminables conversaciones negativas sobre los demás?

¿Y qué hay de la calidad de tiempo que te dedicas a ti mismo, de las críticas y juicios que te haces? ¿Cómo estás permitiendo que los demás te traten o te afecten? ¿Tus pensamientos te ayudan, te sirven y te hacen crecer?

Responder a este tipo de preguntas y hallar el equilibrio para vivir acorde a este primer Yama depende de cada uno. Es posible que haya gente que decida no comer carne pero vista zapatos de piel y eso tampoco concordaría al 100% con Ahimsa. O personas que sean responsables con el medio ambiente y con el trato a los animales y que decidan comer carne pero sólo de aquellos animales que han tenido una vida saludable, al aire libre y alimentados de manera natural.

Así, Ahimsa depende de las preguntas, reflexiones y respuestas que cada uno esté dispuesto a dar. Por lo tanto no tiene verdadero sentido si no contamos con humildad. Ésta es necesaria para poder plantearnos todas estas preguntas y responderlas con sinceridad. No tenemos a nadie a quien engañar ni a nadie a quien rendir cuentas. Ahimsa es algo tan íntimo y personal que sólo depende de nosotros y del grado en el que queramos asumirla.

Es posible que sea prácticamente imposible vivir Ahimsa al 100% pero si no nos planteamos nada más, si pasamos por esta vida sin reflexionar sinceramente sobre nuestros actos y no solo sobre la responsabilidad que tenemos sobre ellos sino también en la repercusión que éstos tienen en el mundo que nos rodea. Si no trabajamos por ser más y más conscientes, por cambiar de a poco lo que creemos que podemos cambiar y por aceptar y abrazar las cosas que no podemos cambiar, sin duda seguiremos viviendo, seremos más o menos felices, viviremos más o menos plenamente, eso ya, dependerá de cada uno.

Recuerdo la primera vez que oí hablar sobre Ahimsa. El primer sentimiento que me abordó casi a la par que la saturación y la impotencia fue algo parecido a la culpa. Me sentí mal por estar pasando por alto tantas cosas. Sin duda he aprendido que ese no es el objetivo. La intención de Ahimsa, al igual que el resto de Yamas y Niyamas que iremos viendo no son que te sientas mal y te vengas abajo si no que veas que es posible hacer algo al respecto. Que hay mucho por aprender y por andar y que todos, TODOS, estamos en el mismo camino.

Siempre digo que el camino del Yoga y la práctica de éste claramente tiene que ver con la práctica física pero como podéis ver es algo muchísimo más grande.

Todo esto supone un desafío pero podemos decir que la práctica física del Yoga y de las Asanas trabajan de manera parecida sobre nosotros. Estoy segura de que puedes recordar fácilmente qué Asanas te han supuesto un reto, esas que al verlas practicadas por otras personas y al empezar a practicarlas tú mismo te han abrumado. Estoy segura de que puedes decirme cuantas veces una Asana te ha parecido imposible, te ha dado miedo, has creído tenerla dominada y luego has tenido que volver a empezar y de la misma manera, estoy segura de que algunas, te han provocado agujetas en ciertas partes del cuerpo. Si puedes recordar todo eso, seguro que también puedes recordar que cuando el cuerpo se adapta, cuando construyes fuerza y elasticidad suficientes, cuando superas el miedo, cuando asumes el reto y aceptas el camino, consigues la postura.

Así, Ahimsa nos invita a plantearnos nuestras acciones tanto a nivel profundo como sutil y a buscar las respuestas de lo que Ahimsa significa para nosotros.


6 thoughts on “Ahimsa: El primer Yama

  1. daulapizarro

    gracias!!!!

    1. yogaconcris

      Gracias a ti por contestar! Un abrazo grande!

  2. JAVIER

    Me ha encantado Cris!
    La vida de un yogui es un continuo aprendizaje, y nadie dijo que ser yogui fuera fácil 😉

    1. yogaconcris

      Y ahí andamos Javi! Poco a poco avanzando. Un abrazo enorme!

  3. BienestarValencia Paco Nuria

    Hola Cris! ¡Me ha gustado mucho esta entrada! ¡Y la anterior de los 8 pasos del Yoga también! Con tu permiso la comparto en mi muro de Facebook para que puedan disfrutar y aprender algunas personas más. ¡Gracias por dedicarte!

    1. yogaconcris

      Claro que sí. Muchísimas gracias por leer, por dar un feedback y por compartir. Un abrazo grande allá donde estés.

      Cris!

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