Asteya. El tercer Yama.

Asteya
Asteya

Asteya, el tercero de los Yamas, generalmente se traduce como No Robar. Puede que alguno piense: “¿No Robar? Genial, por fin algo fácil.” En cambio, debo decir que leyendo esto hay más de un “ladrón” sin saberlo y eso es genial ya que ahondar en este Yama es una de las cosas más maravillosas que te puedes regalar.

Imagino que ninguno de vosotros pensáis salir luego a la calle, romper la cerradura de algún vecino, entrar en su casa y llevaros cualquier cosa de valor. Asteya incluye esto y más. Asteya esconde una forma revolucionaria de relacionarse con el mundo.

Para poder profundizar en este Yama, me hice la siguiente pregunta: ¿Qué es exactamente robar? Bien, entiendo que robar es, en esencia, tomar como propio lo que no nos pertenece sin reponerlo o dar algo a cambio. Así que en realidad, malgastar recursos que no podemos reponer, dejar el grifo abierto, contaminar el planeta, dejar las luces encendidas o gastar más de lo que necesitamos estaría dentro del concepto de Asteya ya que robamos recursos y vida al propio planeta.

Si entendemos robar bajo esta perspectiva, en el momento en que nos apropiamos de ideas ajenas o asumimos méritos que no son nuestros, vamos en contra de Asteya.

Me di cuenta de que en realidad, incumplimos este Yama muy a menudo con cosas más simples. Muchos os podréis identificar con la situación en la que recibes una llamada y hora y media más tarde sigues con el teléfono pegado a la oreja, asintiendo y habiendo pospuesto todo lo que tenías que hacer. Bueno, a veces somos los que llaman. Los que llegamos tarde sin pensar en el tiempo que hacemos perder al que espera. Los que robamos atención de los demás y su presencia por miedo a estar solos. Podemos robar muchas cosas. Podemos robar la alegría de los que nos rodean haciéndoles sentir incapaces, podemos robar amor y cariño dejándonos querer por alguien sin corresponderle ni tener en cuenta sus sentimientos, podemos robar los sueños e ilusiones de otros haciéndoles creer que no valen la pena…

Justo entonces pensé: ¿Por qué robamos? ¿Qué es lo que nos lleva a desear lo que los demás tienen ya sea dinero, pertenencias, belleza, éxito, fuerza, humor, energía…? ¿Por qué lo hacemos y cuál es la consecuencia?

Se me ocurrieron varias cosas:

La primera: Hemos creado una sociedad que vive del lado del miedo, situándose bajo la creencia de que en este mundo, quien no corre, vuela, que no hay suficiente para todos, que mejor pájaro en mano que ciento volando y que debes agarrar y no soltar no sea que te vayas a quedar sin. Así, nos vemos aceptando situaciones que no nos sirven, ni nos hacen vibrar ni nos hacen crecer. Moverse desde el miedo nos lleva ineludiblemente a inmovilizar y retener lo que tenemos generando así nada más que carencia y más miedo.

La segunda: Querer tener lo que el otro tiene nace principalmente de la incapacidad de ver nuestro propio valor. No ser capaces de ver la grandeza en nosotros y en los que nos rodean tiene mucho que ver con la posibilidad de corromper en un futuro Asteya. Sí, a veces somos nosotros mismos los ladrones y las víctimas a la vez. En el momento en el que dejas de valorarte, dejas de luchar. Así, te robas la posibilidad de desarrollar todo tu potencial.

Trabaja sin cesar en el desarrollo de ti mismo. Devuelve al mundo todo lo que te ofrece.
Trabaja sin cesar en el desarrollo de ti mismo.
Devuelve al mundo todo lo que te ofrece.

Si recordamos bien, Satya, el segundo Yama, nos alentaba a ser 100% auténticos. Asteya, nos da la fuerza y la confianza necesaria para ponernos manos a la obra.

Asteya nos hace entender que no debemos robar por el simple hecho de que NO NOS HACE FALTA ROBAR. Nos invita a cambiar radicalmente la mirada y a ver que si no nos hace falta robar es porque en este mundo hay sitio para todos. Pero si vivimos en el miedo y acaparamos lo que tenemos sin compartirlo, el equilibrio se rompe. Asteya viene entonces, de la mano de la más pura generosidad.

Hay que colocarse al otro lado del miedo. Al lado del amor. Desde ese lugar, aprender a confiar plenamente en que dentro de nosotros tenemos todas las herramientas necesarias para asumir lo que nos llegue.

Alguno pensará que esto es muy bonito pero poco real porque en la vida hay gente que sufre, que se queda sin trabajo y gente que amasa fortunas. Bien, son muchos los estudios que verifican que en el llamado “primer mundo” se consume en sobre medida y que con lo que se produce hay más que suficiente para alimentar al planeta entero. Comemos más de lo que necesitamos, tiramos comida en buen estado y gente muere de hambre. Nunca antes habíamos vivido en un planeta tan rico y productivo y tan desigual.

Hay un matiz importante en la filosofía de los Ocho Pasos: todos estamos conectados y somos en esencia, lo mismo. Somos uno.

Siento entonces que el hecho de que en algún país lejano haya gente muriendo de hambre no es ajeno a nosotros ni a nuestro día a día. Siento que somos cómplices de todo lo que pasa a nuestro alrededor, entendiendo este alrededor como nuestra familia, barrio, ciudad, continente y el mundo entero. Se me ocurre que el hecho de que alguien se quede sin trabajo, sin casa o sin comida, es consecuencia de que algunos estamos viviendo fuera de Ahimsa, Satya y Asteya.

Pero esto es incómodo y existe una corriente de pensamiento que nos ahorra el sentimiento de culpa aquí. Es ése que dice que no podemos con todo, que no podemos salvar el mundo, que no podemos hacer nada por parar las muertes en Ucrania, las guerras en Siria, la pobreza en África, la desnutrición infantil, la analfabetización… Yo creo que de algún modo sí. No es algo inmediato. Pero hay una solución a todo esto. Muchos dirán que soy una soñadora, tal vez. Simplemente creo que no es momento aún para bajar las manos y dejar de creer que es posible cambiar y crear el mundo que queremos. Paso a paso. No digo que sea fácil, no digo que sea rápido, tal vez ni siquiera nosotros lo veamos. Sólo digo que es posible.

Propongo esto: Vivamos con la voluntad de dejar este mundo mejor de como lo encontramos, vivamos explorando todo nuestro potencial, dediquémonos 100% a ser la mejor versión de nosotros mismos para ofrecerla al mundo, compartamos nuestros conocimientos, nuestra ayuda, nuestra energía y nuestra fuerza. Devolvamos todo lo que recibimos.

Si somos conscientes de que estamos juntos en todo esto, si conseguimos vernos como iguales y no como enemigos, si entendemos que entre nosotros no hay separación, entonces muchas de las cosas que pasan no pasarían. Si todos estamos a una, hay esperanza.

Alguien que se sabe suficiente, cree en todo su potencial y lo explota al máximo no necesita robar nada a nadie, y por el contrario, simplemente con su presencia genera fuerza y energía a todos los que le rodean. Alguien que entiende y ama la vida, se cuida tanto a sí mismo como al resto, corresponde, devuelve, ilumina. Imagina qué pasaría con una sociedad que decidiera vivir así. Sin duda seríamos mucho más felices y no hay forma de que un ser vivo sea plenamente feliz sin tener en cuenta al resto.

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Dejemos ya de decirnos que no somos suficientemente buenos, suficientemente capaces, suficientemente trabajadores, suficientemente inteligentes, creativos, fuertes, cariñosos, fieles, alegres, bellos, divertidos… En el momento en el que crees que no eres suficiente dejas de luchar por conseguir superarte. Creo que sería una lástima que en este tiempo de vida que tenemos dejáramos de brillar por miedo a que otros ya lo hacen. No le robes al mundo la posibilidad de disfrutar de quien eres.

¿Liberador? Espero que sí.

Ya eres suficiente. Sigue brillando.

Cris.

Satya: El segundo Yama

Satya: Verdad o Honradez
Satya: Verdad o Honradez

Cuando empecé a estudiar los Yamas entendí que todo está relacionado. Entendí que la manera en que se ordenan tiene un sentido profundo. No es aleatorio. Alguien podría decir que todo está pensado, pero yo prefiero decir que todo está sentido, explorado y establecido por algo mucho más global, sincero y libre que la mente. Se han compuesto así fruto de la observación constante y profunda del ser humano, de la comprensión sincera y sin juicios de todo lo que engloba la Vida.

El segundo Yama es Satya y lo podemos traducir como verdad o honradez. Ahimsa y Satya están tan íntimamente unidos que el hecho de que ambos existan hacen del otro algo mucho mejor. Ahimsa (no violencia) se nutre de Satya (verdad) para no convertirse en algo falso. Satya se nutre de Ahimsa para no ser una bala innecesaria.

Todos los Yamas y Niyamas ( y así ocurre con el resto de los Ocho Pasos) son un “suma y sigue” y así, Ahimsa no sería Ahimsa si no cumpliera Satya y Satya no sería Satya si no cumpliera los requisitos de Ahimsa.

Satya nos hace dar un paso más en el crecimiento propio, que nadie ha dicho que sea fácil y sencillo, y que nos transforma en el camino hacia conseguir ser al 100% lo que cada uno es.

Satya nos llama a ser 100% auténticos. ¿Más fácil decirlo que hacerlo, tal vez? Primero hay que entenderlo.

Ser 100% auténticos quiere decir ser 100% lo que somos. Lo que sentimos, lo que queremos, lo que realmente queremos. No lo que queremos querer, no lo que nos da miedo perder, no a lo que nos hemos acostumbrado, lo que nos hemos creído o lo que nos es más fácil. No lo que nos da vergüenza enseñar o decir, no lo que nos convencen de que es mejor para nosotros…

Sí, es complejo. Además de porque simplemente a veces cuesta derrumbar los preconceptos que nos hemos construido cuando creemos que aún nos sirven y encontrar la verdad de nuestros actos y de nuestra vida puede ser duro, si no porque necesitamos calma, humildad, sinceridad, valentía y mucho cariño para afrontarlos.

Aunque seguro que a estas alturas ya te haces una idea de lo que Satya significa, vamos a desglosarlo ya que además de todo lo que hemos hablado, podemos trabajar desde lo más sutil hasta lo más amplio. Podemos trabajar en la relación con nosotros mismos como en la relación con los demás.

Todos hemos estado en una situación parecida en la que una amiga llega con un peinado nuevo que nos sorprende y que no nos gusta. La primera pregunta que nos hace entonces es: “¡Me he cortado el pelo y me lo teñido! ¿te gusta cómo me queda?”. Algunos optarán por decir sí, incluso pueden soltar un “me encanta”, mientras por dentro piensan, “qué horror, pobrecita, le han hecho un estropicio, está horrible”. No hay Satya ahí.

Otros optarán por decir lo que piensan alto y claro ya que la verdad debe ir siempre por delante y tal vez incluso antes de que nadie les haya preguntado soltarán algo así como: “¿Pero que te has hecho? ¿Quién te ha dejado así y por qué te has dejado? te queda raro, no te favorece nada y no me gusta mucho, la verdad.”

Antes de actuar, contesta estas tres preguntas.
Antes de actuar, contesta estas tres preguntas.

Tal vez sea lo que piensa, pero sin duda no hay rastro de Ahimsa ahí. Es complejo porque Satya nos impulsa a ser sinceros, pero Ahimsa nos recuerda la no violencia. Para mi, hay que ir más lejos.

Sinceramente, ¿qué más da el peinado, qué más da si el jersey nuevo nos gusta a nosotros o no, qué importancia tiene si creemos que le queda bien o no? La belleza de cada uno no está en lo que nos pongamos, la belleza de cada uno está en nosotros mismos y es inherente a nosotros mismos. NO LA PODEMOS PERDER. Cuando consigues ver esa magia, esa belleza en cada uno, entonces, entiendes. Y ahí eres capaz de ver a la otra persona. Ahí no hay juicios, ni mejores ni peores, ni bien ni mal, solo y simplemente hay ser.

La belleza a veces viene con búsqueda, con altibajos que nos llevan a explorar y a cambiar. Si cuando estamos en una situación así no podemos dejar de pensar que debemos decir que ese “peinado” es horrible debemos plantearnos dónde estamos poniendo el foco de atención.

Creo que al final se reduce en reconocer el papel que juega nuestro ego, en salir de ahí y aprender a escuchar a la otra persona sinceramente. A decir la verdad de lo que creemos si lo vamos a hacer de manera amable, si va a servirle de algo a la otra persona o a uno mismo y si es realmente sincero.

Pero a veces las situaciones se pueden complicar un poco más. ¿Qué pasa si en vez de un peinado o un nuevo jersey se trata de una idea, de un proyecto, de una propuesta? ¿Cómo somos entonces sinceros y amables a la vez? ¿Qué pasa si un hijo llega y te plantea que quiere dejar de estudiar una carrera con muchas salidas laborales porque quiere dedicarse al arte? ¿Qué pasa si tu pareja, tal vez la madre o padre de tus hijos te plantea que quiere dejar ese trabajo tan estable y empezar un proyecto nuevo, de cero, que le hace vibrar, que le hace feliz, pero no sabe si saldrá bien ni cómo repercutirá en la familia? ¿Qué pasa si te das cuenta de que no quieres tener hijos, o sí los quieres pero tu pareja no? ¿Qué escoges hacer entonces, cómo eliges vivir siendo sincero contigo mismo? ¿Qué pasa si descubres un fraude en tu trabajo, una mala praxis, algo que contamina al planeta, algo que incumple la ley, algo que no coincide con tu forma de pensar y de entender la vida? ¿Escoges callar, hablar, dejar pasar…?

No debemos callar lo que no creemos que debemos callar. Debemos hablar claro. No debemos decir que sí cuando queremos decir no, ni decir no cuando queremos decir sí. Debemos ser amables, debemos alentar a los que nos rodean, debemos decirles que son bellos, que están guapos, que tienen una sonrisa increíble y una fuerza que hace vibrar. No debemos de hacerlo si no lo pensamos, pero debemos aprender a verlo. No debemos callar por miedo igual que no debemos hablar por miedo. Debemos dar un paso adelante aunque cueste. No hace falta ser duros o crueles. Solo debemos ser nosotros mismos.

Es importante que nos planteemos lo que Satya significa para nosotros, igual que hacemos con Ahimsa, en cada momento, en cada situación que se nos plantea el dilema. Es necesario que nos replanteemos las cosas y lleguemos a entender el porqué de nuestros actos y nuestros movimientos para poder conocernos y ser auténticos.

Todos somos únicos e irrepetibles. La forma que cada uno tiene de expresarse, de sentir, de vivir es única e irrepetible. Satya nos anima a que seamos nosotros al 100% sin miedos y sin dudas ya que cuando tú ya no estés aquí, no habrá nadie más con tu misma voz.

Liberador ¿no?

Sigue brillando,

Cris.

Ahimsa: El primer Yama

El primer Yama, Ahimsa, se traduce habitualmente como No Violencia. Es claro y directo: Hacer el bien y no causar daño alguno. Simple, ¿no? Pero ¿Es en realidad tan fácil?

Ahimsa
Ahimsa

A primera vista la mayoría podríamos asegurar que cumplimos Ahimsa. Nunca hemos matado a nadie ni pensamos hacerlo, intentamos ser buenas personas, pensar en los demás y en las personas que tienen dificultades, cuidamos a los que tenemos cerca, tal vez participamos en programas de voluntariado de manera regular o puede que de vez en cuando colaboremos en campañas de ayuda al tercer o cuarto mundo. Pero como dice Beryl Bender Birch, “Hace falta mucho más para llegar a la no-violencia que todo esto y para profundizar completamente en el concepto hace falta sin duda, mucha reflexión.”

Estamos aquí para explorar, aprender y conocer, así que adentrémonos sin miedo en este concepto a ver hasta dónde podemos llegar.

Según R. Jaganath, si hablamos de Ahimsa hablamos de “no causar daño conscientemente a seres humanos, animales u objetos inanimados por medio de nuestros pensamientos, nuestras palabras o nuestras acciones. Ahimsa, como la mayoría de los preceptos morales y éticos, nos desafía a mantener nuestras creencias y nuestras acciones en consonancia.”

Así, si el primer Yama nos habla de no causar daño, ¿qué hay de comer animales? Este Yama es la razón habitual por la que los yoguis no lo hacen, pero ¿qué hay de usar productos animales o de consumir productos que son testados en animales? ¿Qué pasa con los alimentos que proceden de países tan lejanos que el transporte necesario y los costes de exportación hace que bajen tanto los precios que los trabajadores y agricultores no vean su trabajo justamente remunerado?

¿Qué hay de consumir productos que en su elaboración contaminan ríos y lagos de tal manera que están dejando a poblaciones sin agua potable y contaminando el planeta? ¿Qué pasaría si dejáramos de consumir tanto plástico o aluminio y lo cambiáramos por recipientes más resistentes y perdurables?

¿Qué hay de vestir ropa fabricada en condiciones infrahumanas? ¿Qué hay de consumir más de lo que realmente necesitas?

¿Qué hay de invertir dinero en entidades bancarias que apoyan indirectamente a la producción de armas, a campañas electorales o partidos políticos que secundan regímenes corruptos tanto en nuestros países como en otros? ¿En qué afecta al mundo que decidas comprar una tableta de chocolate de cierta marca, en cierto supermercado?

Sin duda, bucear en el primero de los Yamas puede ser abrumador pero son este tipo de preguntas las que Ahimsa hace que nos planteemos. Ahimsa nos invita a pensar que cada uno de nuestros actos tiene una repercusión, que la busquemos y que podamos ver si genera bienestar o daño alguno.

Y así podemos seguir profundizando. ¿Estás dedicando tiempo a hablar y a escuchar a tus padres, tus hijos, tu pareja, tus amigos o la gente que te rodea? ¿Qué calidad de tiempo les proporcionas? ¿Estás presente en cada momento que pasas con ellos? ¿Has dejado ya de criticar a otros o sigues cayendo a veces en las interminables conversaciones negativas sobre los demás?

¿Y qué hay de la calidad de tiempo que te dedicas a ti mismo, de las críticas y juicios que te haces? ¿Cómo estás permitiendo que los demás te traten o te afecten? ¿Tus pensamientos te ayudan, te sirven y te hacen crecer?

Responder a este tipo de preguntas y hallar el equilibrio para vivir acorde a este primer Yama depende de cada uno. Es posible que haya gente que decida no comer carne pero vista zapatos de piel y eso tampoco concordaría al 100% con Ahimsa. O personas que sean responsables con el medio ambiente y con el trato a los animales y que decidan comer carne pero sólo de aquellos animales que han tenido una vida saludable, al aire libre y alimentados de manera natural.

Así, Ahimsa depende de las preguntas, reflexiones y respuestas que cada uno esté dispuesto a dar. Por lo tanto no tiene verdadero sentido si no contamos con humildad. Ésta es necesaria para poder plantearnos todas estas preguntas y responderlas con sinceridad. No tenemos a nadie a quien engañar ni a nadie a quien rendir cuentas. Ahimsa es algo tan íntimo y personal que sólo depende de nosotros y del grado en el que queramos asumirla.

Es posible que sea prácticamente imposible vivir Ahimsa al 100% pero si no nos planteamos nada más, si pasamos por esta vida sin reflexionar sinceramente sobre nuestros actos y no solo sobre la responsabilidad que tenemos sobre ellos sino también en la repercusión que éstos tienen en el mundo que nos rodea. Si no trabajamos por ser más y más conscientes, por cambiar de a poco lo que creemos que podemos cambiar y por aceptar y abrazar las cosas que no podemos cambiar, sin duda seguiremos viviendo, seremos más o menos felices, viviremos más o menos plenamente, eso ya, dependerá de cada uno.

Recuerdo la primera vez que oí hablar sobre Ahimsa. El primer sentimiento que me abordó casi a la par que la saturación y la impotencia fue algo parecido a la culpa. Me sentí mal por estar pasando por alto tantas cosas. Sin duda he aprendido que ese no es el objetivo. La intención de Ahimsa, al igual que el resto de Yamas y Niyamas que iremos viendo no son que te sientas mal y te vengas abajo si no que veas que es posible hacer algo al respecto. Que hay mucho por aprender y por andar y que todos, TODOS, estamos en el mismo camino.

Siempre digo que el camino del Yoga y la práctica de éste claramente tiene que ver con la práctica física pero como podéis ver es algo muchísimo más grande.

Todo esto supone un desafío pero podemos decir que la práctica física del Yoga y de las Asanas trabajan de manera parecida sobre nosotros. Estoy segura de que puedes recordar fácilmente qué Asanas te han supuesto un reto, esas que al verlas practicadas por otras personas y al empezar a practicarlas tú mismo te han abrumado. Estoy segura de que puedes decirme cuantas veces una Asana te ha parecido imposible, te ha dado miedo, has creído tenerla dominada y luego has tenido que volver a empezar y de la misma manera, estoy segura de que algunas, te han provocado agujetas en ciertas partes del cuerpo. Si puedes recordar todo eso, seguro que también puedes recordar que cuando el cuerpo se adapta, cuando construyes fuerza y elasticidad suficientes, cuando superas el miedo, cuando asumes el reto y aceptas el camino, consigues la postura.

Así, Ahimsa nos invita a plantearnos nuestras acciones tanto a nivel profundo como sutil y a buscar las respuestas de lo que Ahimsa significa para nosotros.

Ashtanga. Los ocho pasos.

Ahstanga. 8 pasos.

Pasa a menudo. El concepto de Yoga se reduce a la práctica física. Se relaciona con cuerpos esbeltos, flexibles y fuertes; con mentes en orden y en calma. Y aunque en realidad esto no sea lo más necesario e importante, ni siquiera sea el objetivo ni la meta que busca un yogui, suele haber algo de todo eso. Por suerte para todos, el yoga se trata de mucho más que poco a poco iré explicando aquí para vosotros.

Empecemos hoy. Aquí y ahora.

La rama de yoga que practicamos, Vinyasa Yoga, proviene del Ashtanga Yoga. Ashtanga se traduce como “Los Ocho Pasos” y son ocho aspectos que se cree que un Yogui debe practicar y desarrollar para llegar a la plenitud.

El camino de los “Ocho Pasos” fue desarrollado por Patanjali hace más de 2.000 años y están recogidos en los Yoga Sutras.

El primero de los ocho pasos es Yama.

Yama se refiere al código ético y a la relación de uno mismo con todo lo que nos rodea. Éste primer punto engloba cinco aspectos.

1. Yamas o restricciones:

Ahimsa. No Violencia.

Satya. Verdad.

Asteya. No Robar o Codiciar

Brahmacarya. Abstinencia.

Aparigraha. Liberarse de la codicia.

El segundo paso tiene que ver con la relación hacia nosotros mismos. Son los Niyamas y también son cinco.

2. Niyamas o observaciones.

Shaucha. Limpieza y Pureza.

Santosa. Satisfacción.

Tapas. Disciplina, Práctica.

Svadhyaya. Autoconocimiento.

Ishvara Pranidhana. Entrega o rendición a lo Absoluto.

Después de estos dos grupos, los siguientes pasos son:

3. Asana o Posturas.

4. Pranayama o Respiración.

5. Pratyahara o Foco interno.

6. Dharana o Concentración.

7. Dhyana o Meditación.

8. Samadhi o Iluminación, Unión Completa.

Poco a poco iremos desgajando cada uno de los aspectos que acabo de nombrar y profundizando algo más en lo que nos quieren decir.

Por el momento, una evidente reflexión y es que al leer todos los ámbitos a los que el Ashtanga hace referencia nos damos cuenta de que practicar realmente Yoga, con todas sus vertientes y la visión completa de lo que eso significa es más una forma de vida que el hecho de llegar a poder hacer ciertas posturas durante una clase.

¡Bienvenid@ al Yoga!

Unión

Al hablar de Yoga podemos remontar el tiempo 3.500 años cuando en tierras del actual Pakistán y el oeste de la India, los miembros de la cultura Harrappan se sentaban en posición de loto y meditaban.

A lo largo de todo este tiempo la práctica ha ido evolucionando pero mantiene la misma esencia.

Yoga significa literalmente, Unión.

Los primeros yoguis entendían la práctica del Yoga como un conjunto de disciplinas físico-mentales destinadas a conseguir la perfección espiritual y la unión con el Absoluto.

Hoy en día la mayoría de la gente se acerca a la práctica de yoga en búsqueda de la obtención de un cuerpo más fuerte, flexible y en forma. A menudo ocurre que no tardan en encontrar otros beneficios.

Sea cual sea la razón que nos lleva a practicar yoga y a beneficiarnos de él, me gusta pensar que en el momento en que ponemos los pies sobre la esterilla y nos preparamos para nuestra clase ya estamos generando Unión. Unión con todos aquellos que hace cientos de años practicaron de la misma manera que estamos practicando ahora.